La adicción de un famoso

apuestas

Por su adicción a las apuestas, vivió en la bancarrota sus últimos días.

Adicción a las apuestas

Por respeto a la identidad de los aludidos, omitiremos nombres. En todo caso, lo que buscamos es enfatizar las medidas de prevención y manejo de adicciones.

Para los últimos días de febrero de 1989, cuando el famoso actor mexicano de comedias rebasaba los sesenta años. Se encontraba en la recta final de su vida con enfisema pulmonar y en la ruina económica.

Toda esa década y las pasadas había sido una de las estrellas del cine mexicano más taquilleras ─en 1969 tres de sus largometrajes se exhibían al mismo tiempo, y siete estaban a la puerta del horno─ y esto quizá lo llevó a la cornucopia y a los excesos que labraron su ruina.

Ya lo había dicho Hemingway, un incorregible apostador en las carreras de caballos como el de nuestro caso de hoy: “el juego es un potro que, si no se le sujetan las riendas, te puede arrastrar con él a los abismos del masoquismo, el alcohol, la neurosis y hasta la muerte”.

La rueda de la fortuna y las adicciones hicieron a nuestro actor tocar fondo. Luego de conocer la riqueza, tuvo que hacer una colecta entre familiares y amigos para poder pagar los gastos de hospitalización por el enfisema que padecía.

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Un personaje de El jugador

Bien visto, este actor más de fama de cómico que de trágico, bien pudo ser alguno de los personajes del escritor ruso Dostoievski, ya que, como todos los hombres y mujeres salidos de la imaginación de este, estaba poseído por una pasión.

Los vicios, llegó a comentar el mismo Dostoievski (también un jugador compulsivo), son como un huracán dentro del cual las existencias van a la deriva, tratando al mismo tiempo de no hundirse en la perdición y soñando con una posible redención.

Juan Carlos Cruz │

 

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